Ciberacoso: ¿hay forma de evitarlo? Sí, entra para saber cuáles son

Te contamos en qué consiste el acoso para poder detectarlo a tiempo

Amanda Todd tenía 12 años cuando envió a un presunto amigo unas imágenes suya en topless a través de una webcam. Con unas capturas de ese vídeo, el tipo intentó extorsionarla sexualmente. No lo logró y él, en venganza, acabó colgando las imágenes en Internet. Esas fotos, a la vista de todos, provocaron que esta chica canadiense sufriera todo tipo de acosos fuera y, sobre todo, dentro de la red. Especialmente de su entorno más cercano. La presión era terrible. Insoportable. Tanto, que en octubre de 2012 se quitó la vida. Tenía sólo 15 años.
El de Amanda Todd ha sido el caso más mediático. El que ha disparado las alarmas. Pero el ciberacoso o ciberbulling es tan viejo como Internet. Y no es más que el traslado a la red del viejo acoso escolar y de los primitivos abusones. Los datos son preocupantes. Según el Instituto de la Juventud (Injuve), casi una cuarta parte del alumnado español de Secundaria (23,5%) de entre 12 y 16 años ha sido insultado al menos una o dos veces a través de páginas web. El 7,4% ha sido víctima de rumores y falsedades. El 6,6% recibe insultos a través de las redes sociales al menos una vez a la semana. Y otro 6% se ha encontrado en Internet con fotos suyas publicadas sin permiso.
Y lo peor es que esto no se reduce solo a Internet. Según Injuve, el 10,5% de los adolescentes está implicado en el ciberacoso vía mensajería instantánea; el 4,6% a través del chat; el 4,3% por mensajes de teléfono; el 2,8% vía correo electrónico; el 2,7% por teléfono y el 1% a través de fotografías o vídeos.

¿Cómo evitarlo? Con cierto sentido común.

Para empezar, los chicos tienen que ser muy cuidadosos con sus datos personales, tales como teléfonos, direcciones y fotografías. Deben vigilar a quién se los proporcionan y dónde aparecen, y ser conscientes de que cuanto menos sepan de uno, más seguro se está.
También hay que ser cauto en los chats y en redes abiertas como Twitter, porque todo lo que se dice ahí son pistas que los ciberacosadores pueden usar para obtener datos personales. Por eso siempre hay que usar apodos o alias.
También hay que tener especial cuidado con la netiqueta (los modales de Internet), porque algunas frases o emoticonos, si se utilizan con interlocutores de una cultura o realidad social diferente a la nuestra, pueden malinterpretarse. En caso de malentendido, lo más sensato es aclararlo con cortesía.

Responder a un ciberabusón es una alegría para él. Evita contestarle.

En caso de recibir una provocación, nunca hay que responder y mucho menos en pleno calentón. Hay que frenarse, dejar el ordenador, la tableta o el móvil, y calmarse antes de volver a teclear. Pero responder es una mala solución: suele ser la mayor alegría que se les puede dar a un ciberabusón y eso, en la mayoría de los casos, solo empeora las cosas.
Cuando el acoso es insistente hay que actuar con firmeza pero con cabeza. Primero hay que guardar todo lo que pueda utilizarse como prueba. Luego cerrar la conexión y pedir ayuda a un adulto. Si el acoso le viene al adolescente de alguien de su entorno escolar, no está de más hablar con el orientador. Y, por supuesto, siempre con los padres.
La actitud de los adultos es fundamental para que el menor sea capaz de denunciar que recibe un ciberacoso. Para empezar, deben transmitirle la confianza suficiente como para que recurra a ellos en caso de apuro. Cuando lo haga, no conviene reaccionar de forma brusca: hay que prestar atención a la gravedad y frecuencia del acoso para calibrar su magnitud y, luego, apoyar al menor para que remita su angustia; después ya llegará el momento de actuar. Si las amenazas son de carácter físico deben tomarse aún más en serio, sobre todo si el acosador conoce datos personales del acosado. En este caso, hay que recurrir a la Policía.
Y, como en casi todo, la mejor defensa ante el ciberacoso es la prevención. Siempre habrá abusones, pero es bueno que los menores sepan que esas actuaciones no deben admitirse, que pueden causar un daño real y que eso es un delito. Y está penado.
 
Fuente: Anaïs Olivera, revista Salud&Corazón de la www.fundaciondelcorazon.com
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